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Los cotillas llevan tiempo con nosotros. Desde que Heródoto nos contara las intimidades de Jerjes o Plutarco las preferencias sexuales de Julio César, hemos tenido oportunidad de sopesar las hazañas de nuestros héroes a través del prisma de sus debilidades. Desde tiempo inmemorial, la misma coartada que permitía dar cuenta de los amores de los dioses ha servido para asomarse a los secretos, tan sólo algo más moderados, de los mortales. Cotillas, desde luego, ha habido siempre. Y no faltan ejemplos de quienes han llegado a hacer del vicio virtud y de la afición faena. Otros tantos nunca han podido reprimir el deseo tan primario de establecer lazos de hermandad hablando mal de los otros. No importa como de grueso...

Ya son 730 asesores en el Gobierno. Con Rajoy fueron 600. Con Aznar 450. Sólo en La Moncloa tenemos cientos de cerebritos asesorando directamente a Producciones Iván Redondo, pero ¿asesorando sobre qué? ¿Para conseguir una administración más eficiente, más ágil, más cercana? Qué va. La mayoría de esos 350 cargos nombrados a dedo no tienen otra función que pensar en eslóganes, fakes, campañas y publicidad. Ahora envolvemos los palés con las primeras vacunas presidenciales, o achatarramos a mayor gloria de Sánchez antiguas armas de ETA o de la guerra de Cuba o de la serie de Curro Jiménez, ahora irrumpe algo venenoso contra las Infantas o Don Juan Carlos. La Moncloa como un plató impresionante, nada de sede geoestratégica de...

Son unos artistas. No sé cómo no le han dado ya el premio Goya (sin premio) a Iván Redondo, por la de cosas que se le ocurren a este hombre y por cómo construye los guiones de las más falaces realidades. Ahora, en un patio del cuartel de la Guardia Civil de Valdemoro, el numerito de la destrucción de las armas de la ETA y del Grapo. Dicen que más bien del Grapo que de la ETA. Sobre ellas, como cuando destruyen una partida de relojes de marca falsos o de discos piratas de los que venden los manteros, el paso de una apisonadora. Que, según dicen cómo había dejado los tres rectángulos de armas por destruir, es lo menos...